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El mecanismo fundamental de nuestro organismo está basado en un preciso sistema de equilibrio entre las sales y los distintos flujos. Por eso, desde hace siglos, se utiliza la sal marina para mantener y recuperar la salud.

El baño con sal marina es una terapia de origen milenario, apreciado desde la antigüedad, ha sido utilizada desde tiempos remotos conociéndose los efectos beneficiosos que tienen sobre el cuerpo humano. Existen referencias de Homero en las que se habla de este elemento como la forma en que Ulises recuperaba sus fuerzas. Sin embargo, fue en el siglo XVIII cuando este tipo de terapia ha tenido su mayor auge al ponerse de moda en varios países los baños con sal marina, práctica que se fue extendiendo por el resto del mundo.

La ubicación de depósitos de sal marina tuvo especial relevancia en los emplazamientos definitivos de los asentamientos humanos primitivos, debido a que su consumo y uso no sólo es una necesidad humana, sino que permite además conservar los alimentos, prolongando su vida comestible. Una de las primeras culturas en las que se ha documentado el uso y extracción de la sal es la china (desde el siglo XXVII a. C.). Durante el Imperio romano se crearon en Europa rutas específicas para facilitar el comercio de sal entre diversas regiones; por ejemplo en Roma tiene origen una ruta destinada al transporte de sal denominada vía salaria. Otros ejemplos pueden verse también en Alemania con la Alte Salzstrasse, o en Francia con la Route du Sel. Los intereses existentes entre los mercaderes y los diferentes Estados han hecho que se hayan producido numerosas guerras por controlar no sólo los depósitos salinos sino que también los mercados de la sal.

La etimología de algunas palabras proporciona ejemplos claros de la importancia que ha tenido la sal en la antigüedad. Por ejemplo el término salario en castellano, es derivado del latín salarium, que a su vez proviene de “sal” y tiene origen en la cantidad de sal que se le daba a un trabajador (en particular a los legionarios romanos) para poder conservar sus alimentos.

Con el paso de los siglos, conscientes de la importancia del mercado de la sal, durante la edad media, los señores feudales y los monarcas, cobraban impuestos por el uso y explotación de la sal (alvara), en algunos gobiernos europeos lo convirtieron en un monopolio estatal e incluso cobraron impuestos. Un ejemplo de impuesto aplicado al consumo y a la comercialización de la sal se pudo ver en Francia donde hasta el siglo XIX se percibía un impuesto sobre la sal denominado la gabelle: al tratarse de un producto de primerísima necesidad este impuesto era muy impopular, y una de las primeras medidas que se tomaron durante la Revolución francesa fue abolirlo, considerado casi uno de los detonantes de la misma. En España se liberalizó en 1869.

Otra protesta relacionada con los impuestos sobre la sal se hizo en la India a mediados del siglo XX, en la denominada Marcha de la sal, fue protagonizada por Gandhi y posteriormente originó la independencia con respecto al imperio británico de la India y de Pakistán

En América las culturas precolombinas comerciaban igualmente con la sal, y se sabe que los Mayas la empleaban como moneda. Durante la conquista de América, los centros de producción de sal se convirtieron en uno de los objetivos primordiales a dominar. La Colonización europea de América, en el norte tuvo la intención de copar y generar nuevas fuentes de elaboración de sal. Las actividades pesqueras hicieron que la demanda de sal creciera en América y que fuese necesario buscar nuevos mercados para ampliar el comercio del pescado en salazón. Durante la independencia de los Estados Unidos la sal tuvo un papel fundamental a la hora de controlar las tropas de las “colonias rebeldes”.

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